El otro día, cuando estaba organizando el vestidor que siempre está llena de una variedad de cosas (burbujas, cartas de juego, revistas..), encontré un diario viejo, muy especial. Es sobre los primeros días de la vida de Salvador y esta escrito por Tía Marielos. Tiene todos los detalles alrededor de su vida.. cuando tenía hambre, que vestía, cuántas horas dormía, y mucho más. Tía Marielos lo escrito como primera persona, como si Salvador lo estuviera escribiendo.
Cuando leo unas paginas, imagino Salvador como bebé tan chiquito, tan lindo. Estoy al lado de su tía, mirando todo. Puedo ver su casa en El Salvador, su mamá, papá, y tías ayudando a criarlo. Puedo oír los llantos de Salvador y sus esfuerzos de comunicar. Puedo ver su pelo negro, su piel suave, y ojos oscuros. Regreso al pasado leyendo estas páginas descoloridas y el tiempo se detiene por un rato.
La verdad es que tengo que concentrarme cuando leo. Unas palabras no entiendo y puedo perderme en los detalles. Hay palabras que solo usan en El Salvador y eso puede hacer la lectura un poco lento. Sin embargo, es una buena práctica por mi español. Este diario me interesa no solo porque es la historia de mi marido y me encanta imaginar como estaba como bebé, pero también porque entiendo lo bello y lo cansado es criar un bebé, la energía y sobre todo, el amor que se requiere.
Leyendo un diario viejo muestra la importancia de escribir, porque todo pasa y los detalles se pueden olvidar. Escribir es un modo de mantener viva parte del pasado. Estoy agradecida por Tía Marielos porque gracias a ella, tengo parte de la historia de Salvador y puedo comparirlo con mis niños y para las generaciones futuras.

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